(Este artículo fue escrito originalmente en el año 2002. No recuerdo con exactitud en qué blog salió publicado, pero no era un blog propio. Por su temática particular, añejo interés, y porque me apetece, lo copio aquí tal cual, ya que por su estilo sería el germen de lo que luego se llamaría “Bertrand Russel y su Conjunto Tropical”)

Oiga Jefe ¿Me Pone un Botellín de Radio?

Hace pocas semanas encontré perdido, entre los múltiples papelotes de mi habitación, un ejemplar de “Investigación y Ciencia” (en el resto del mundo conocida como Scientific American ) perteneciente al mes de octubre del 93 . Le eché un vistazo rápido con más voluntad que ganas: porque “Muy Interesante” o “Quo” son entretenidas y amenas, pero la edición española de la anglosajona y prestigiosa revista antes mencionada, como no seas biólogo molecular, un tipo de ciencias muy voluntarioso , o paleoantropólogo fan de Arsuaga y Childe , no hay por donde cogerla.

Perdido pues me hallaba yo , leyendo aquello con cara de conspicuo estudiante de la UCLA (prognato y con banderita), cuando, cual fue mi sorpresa al encontrar un articulo que hablaba de una historia fascinante , que me habían contado hace tiempo pero nunca pude, ni en el fondo, quise creer; un fascinante y sencillo medicamento que estaba indicado para el tratamiento de la impotencia, la fatiga, dispepsia y otras 150 enfermedades: El Radithor

La curiosa historia de este nombre comienza con la de su “descubridor”: William John Aloysius Bailey.

William J bailey
Nacido en Boston en 1884, de humilde familia, cursó estudios en el Quincy Institute de Humanidades , para terminar graduándose en la Escuela Pública de Latinidad de Boston: Centro conocido por dar oportunidades a muchachos de familias pobres. Tras realizar un paupérrimo examen de acceso en Harvard consiguió arreglárselas, con metodologías poco legales (el joven Bailey ya apuntaba maneras),
para entrar en tan prestigiosa institución.

Contrajo múltiples deudas que le obligaron a abandonar la Universidad en 1905.Tras este fracaso, Bailey comenzó una rocambolesca trayectoria. Se marchó a Nueva York en donde trabajó en negocios de importación y exportación con un deseo constante: ser nombrado agregado comercial en la embajada de los estados Unidos en la China Imperial, deseo que jamás vería cumplido.

Tras haber estado en Rusia excavando pozos de petróleo, decidió volver a casa cuando, a causa de la Gran Guerra, el comercio se hizo imposible. A partir de 1915 el nombre de Bailey estará indefectiblemente unido a dos palabras: fraude comercial.

Fue arrestado por estafa en 1915 al aceptar comisiones postales ilegales por valor de 600 dolares, pertenecientes a un vehículo que nunca fue fabricado y que quiso vender a Ingenierías Carnegie.

En 1918 fue arrestado (nuevamente) por promoción fraudulenta de un medicamento llamado “Las-i-Go para una virilidad espléndida” medicamento que, según Bailey, curaba la impotencia: los análisis químicos descubrieron que se trataba tan solo de estricnina.

Lo curioso, y núcleo de esta historia, es que no fue Bailey el único charlatán que ofrecía métodos fantásticos y milagrosos. Con el auge de la investigación sobre la radiactividad y los descubrimientos de Madame Curie, surgió una pléyade de farmaceuticos experimentales, charlatanes de arrabal y párrocos boticarios que vieron en el radio una manera fácil y muy rápida de hacer dinero.

En poco tiempo se distribuyeron por la costa este de los Estados Unidos, y (posteriormente por todo el país), jarabes, cremas, pasti- llas y dulces cuyo principal componente principal era el radio.

Bailey estaba fascinado con la radiactividad y fue por ello (y por su “privilegiada” mente para los negocios) por lo que fundó en Nueva York la compañía Radium Chemist, Inc, sacando una linea de medicinas radiactivas de dinámicos nombres tales como Dax, Clax y Arium que servía para curar la tos, la gripe, y los metabolismos débiles.

Las cosas marchaban bien y fundó dos empresas más: Thorone ( de Torio y hormona) y el Laboratorio Endocrino Americano, que fabricaba curiosos collarines de oro, con alto contenido en radio, que lo mismo servían para revitalizar tiroides que para hombres con problemas escrotales y/o de impotencia.

Pero si estos inventos y artilugios ya de por sí parecen absurdos por su concepción y nula efectividad científica,en 1925 llega el Radithor , o la obra maestra de las patrañas radiactivas.

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Bailey compraba radio purificado al por mayor, lo embotellaba, lo diluía en agua triplemente destilada, y lo vendía a 500 veces su precio original.

Estos botellines hicieron furor en muy poco tiempo y Bailey se convirtió en multimillonario pero vigilado atentamente por la Administración Americana de Farmacología y Alimentacion, que no veía bien algo como el comercio del radio, pero que poco podía hacer ya que consideraba el radio no como un medicamento, si no como un producto natural, y aunque hizo advertencias públicas no pudo emprender acciones legales.

Bailey vendió mas de 400.000 frascos de un cuarto entre 1925 y 1930, hasta que uno de sus más fieles clientes llamado Eben B.Byers, (que consumió entre 1000 y 1500 botellines de Radithor de 1927 a 1931), comenzó a sentirse sin vitalidad, apenas sin fuerza: le diagnosticaron un acceso de sinusitis, pero la cosa empeoró cuando se le comenzaron a caer los dientes.

El 19 de diciembre de 1931 la Comisión Federal de Comercio emitió una orden mediante al cual se suspendía la actividad en los laboratorios de Bailey. Cuando Eben B.Byers murió en 1932, pesaba tan solo 40 kilos, y tenía gran cantidad de huesos deshechos. La Comisión Federal reabrió el caso y fué la oportunidad propicia para que sociedades médicas de todo el país denunciasen la venta ilegal de ese tipo de patrañas, y para que muchos otros exigiesen un control del radio. Si bien Bailey jamás fue procesado por la muerte de Byers , tras la gran depresión y las sospechas sobre su Radithor, Bailey se dedicó a desarrollar otros productos, pero acosado por la prensa y la administración , abandonó la ciudad de Newark.

Nunca más se dedicó a vender productos radiactivos. Fue editor, escribió libros sobre política internacional y salud. Estuvo en la II guerra mundial como observador aéreo en el primer comando de cazas, e ideó un método para la detección de submarinos y otro el calibrar del punto de mira de las armas. Falleció en Massachusetts el el 19 de mayo de 1949 a consecuencia de un cáncer de vejiga, si bien en sus últimos momentos negó la implicación de los múltiples botellines de Radithor que se había bebido con el desarrollo de su cáncer: Aún hoy, los pocos botellines vacíos que quedan del Radithor siguen siendo peligrosamente radiactivos.

Menos mal que Bailey no era español: si no, su idea habría triunfado y en vez de casera diríamos con garbo ibérico en el bar : ¿me pones dos cañas y un botellín de Radithor?

La bibliografía acerca de toda esta rocambolesca historia es muy escasa.
A continuación os muestro las pocas páginas web que he encontrado sobre el tema (tan solo una en español), y la referencia bibliográfica del artículo en el que me he documentado.

Bibliografia:
http://thales.cica.es/rd/Recursos/rd99/ed99-0504-01/radio.html Breve. (en castellano)
http://www.mtn.org/quack/devices/radium.htm Sobre otros productos similares al Radithor (inglés)
http://www.chez.com/atomicsarchives/potions_radium.html En francés. Con buenas Fotos
http://www.orau.com/ptp/collection/quackcures/radith.htm Sobre el Radithor . (En inglés)
http://www.clpgh.org/exhibit/neighborhoods/northside/nor_n106.html Biografía de
Eben B. Byers (en inglés)
“EL GRAN ESCANDALO DEL RADIO” de Roger.M.Macklis en Investigación y Ciencia, Número 205 (páginas 64-69) de Octubre de 1993.

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Si, si.
Ya va.
Muchos nuevos artículos están por venir. No se me impacienten.

Mientras llegan, les dejo con la que para mí es una auténtica Maestra, y que me ha influenciado desde que en 1997 escuchase por primera vez “The Ugly With the Jewels”.

Laurie Anderson.

Todavía se me pone la piel de gallina cuando escucho éste temazo.

 

 

 

Me temo que éste articulito, escrito deprisa y corriendo, va a cabrear a más de uno.

Pero bueno, es lo que tiene “dedicarse” a estos menesteres. Y ser un inconsciente, que también.

Casi sin lugar a dudas podríamos decir que la hubo un “Pacífico Español” si nos ceñimos a los hechos históricos, empezando por la primera circunavegación de la tierra, llevada a cabo por Magallanes y Elcano, continuando con las andanzas de Mendaña y tantos otros, y terminando con el famoso Tratado Germano-Español de 1899.

Si, hubo presencia española en el Océano durante siglos. Y de hecho aun se pueden ver sus vestigios.

Pero otra cosa muy diferente es que España, actualmente, tenga cuatro atolones sin reclamar, porque 1899 los alemanes digamos que… se despistaron. Hay incluso quienes piensan que hubo algún simpático diplomático de la época, que con felina habilidad, manipuló los documentos de dicho tratado, borrando de los mapas ciertas posesiones.

No, no hay ninguna Micronesia Española.

El pifostio que se montó en su día en Internet, allá por 2011, fue minino.

Y de hecho hasta el año pasado, la cosa seguía coleando.

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(Atolón de Ngatik, hoy conocido como Sapwuahfik . No, no tiene que ver con los supuestos atolones “españoles”, pero lo pongo porque era el que tenía más a mano)

También es probable que, quienes estén leyendo todo esto, no tengan ni repajolera idea de qué demonios estoy tratando de contar.

Lo resumo, con mucho gusto, y copiándolo sin pudor de la dichosa Wikipedia.

  • El 12 de febrero de 1899 supuso la venta de las islas de los archipiélagos de las islas Carolinas y Marianas (incluyendo Palaos, pero excluyendo Guam) por 25 millones de pesetas de la época a Alemania (17 millones de marcos alemanes).
  • El 5 de Marzo de 1948 Emilio Pastor y Santos “descubre” que en dicho tratado alguien se habría olvidado (supuestamente) de incluir en dicho tratado cuatro atolones (Kapingamarangi, Nukuoro, Mapia, Rongrik y Ulithi). Y si, esos atolones existen, y estaban ahí, sin ser mencionados en el tratado, por lo que, en teoría pertenecían todavía a España.
  • En 1949 el Consejo de Estado de la época llega a tratar la cuestión llegando a realizar ésta declaración formal.

“…que mientras no se aclare el asunto, procede esperar antes de efectuar gestión alguna con los Estados Unidos o con las potencias amigas que forman parte de la ONU, ya que España no tiene contactos con la ONU y sería esta la que habría de resolver sobre la suerte definitiva de esas islas de Micronesia que pertenecieron al Japón.” (Si la leés con voz de No-Do es mucho más entretenida).

  • Pese a lo anteriormente descrito por el Consejo de Estado, en 1950 Don Emilio Pastor y Santos, no sólo no se amilana, si no que además, “se viene arriba” (por utilizar la nomenclatura “moderna” de los jóvenes ye-yés) y publica “Territorios de soberanía española en Oceanía“.
  • La cosa cae en el olvido salvo para cuatro o cinco expertos muy expertos, de esos que se van a la Hemeroteca Nacional a devorar con pasión números muy antiguos de “La Ilustración Española y Americana” mientras, muy probablemente, su esposa (el que la tenga, claro) estará en la cama con el butanero. Cosa que, francamente, si yo fuese esposa de catedrático también haría.
  • 3 de Noviembre de 1986. Año en el que acaba el acuerdo histórico del Fideicomiso de las Islas del Pacífico, y que se extenderá para Palau, tan sólo 8 años más, hasta el 1 de Octubre de 1994. Aquí los americanos le dijeron a los correspondientes ministros de Exteriores españoles de ambas épocas (Solana, y Ordoñez) aquello de “Firma aquí”, y ellos firmaron.
  • ¿Y qué firmaron?. Pues esencialmente que España, de tener todavía algun atolón o islas por aquellas latitudes, renunciaba rumbósamente a ellos.

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(Imagen muy similar a la de las pegatinas incluidas los documentos sobre el tratado de finalización del Fideicomiso. Supuestamente, por la época, la pegata de 1986 llevaría hombreras, y la de 1994 alguna referencia a Chimo Bayo)

  • El asunto vuelve a caer en el olvido salvo para los mismos señores de hace tres párrafos, y sus nietos, salvo que ahora no sólo siguen visitando la Hemeroteca, si no que también van al Bingo, saben lo que es el sintrón, y los ratos libres hacen páginas con Netscape.
  • Allá por 2009 se empieza a correr la voz de las inciertas islas sin reclamar en el Océano Pacífico. Broncas entre supuestos expertos, gentes que si saben del tema, y curiosos la mayoría de las veces, hacen que la cosa se vaya de madre.

¿Como acaba ésta historia? Puede de una forma muy poco heróica, pero muy española: A lo funcionarial. A alguien del gobierno de Mariano Rajoy se le ocurre desempolvar algunos documentos que quedaban en un angosto sótano del C.S.I.C, para contestar a la pregunta realizada por el parlamentario Jon Iñárritu en el Congreso, y tras siete faxes, dos cafés, y un mes de vacaciones en Benidorm (pagadas) a algún un catedrátrico, el 20 de Abril de 2014 salta la noticia a los medios.

Destaca sobre todo el final del comunicado.

“Resultaría poco coherente que España hubiera querido ceder las Carolinas, las Palaos y las Marianas, pero se hubiera reservado la soberanía sobre unos cuantos islotes de escaso valor económico sobre los cuales nunca había ejercido su soberanía de facto”, abunda el Ejecutivo.

Y ya está. Y eso es todo.

No voy a ser yo quien niegue la bonita posibilidad de que España podría haber tenido posesiones por aquellos lares, que son mi debilidad, pero, a día de hoy no puede ser… y además es imposible.

Nota: Recuerden, antes de cabrearse, que la renuncia formal y definitiva sobre esos “supuestos territorios que todavía nos pertenecen” la hizo el Partido Popular.  Esta vez no fue ni cosa de Irán, ni de Venezuela. ¡Ni de los rojos!.

 

 

Estoy terminando una detallada reseña sobre “Escogimos las islas” un libro muy interesante de Arthur Grimble en dónde relata su vida como funcionario en las Gilbert y Ellice durante varios lustros del pasado siglo XX.

Mientras tanto, y para ir “abriendo boca”, dejo aquí éste fascinante documental sobre las islas que el británico visitó por primera vez en 1915: Es un documental contemporáneo, que nos muestra las complicadas condiciones de vida en Kiribati en nuestros días.

Déjenme que les cuente otra historia de causa y efecto. Esta concierne al Maestro Chan Bai Zhang quien en efecto pudo liberar un salvaje espíritu-zorro. ¡Muy pocas personas son capaces de hacer esto!

Parece ser que una noche, después de que una reunión Chan hubiera terminado y todos sus discípulos se hubieran retirado, el Maestro Bai Zhang se dio cuenta de que un anciano permanecía fuera de la Sala de Meditación.

Bai Zhang se acercó al hombre y le preguntó, “Dígame, señor, ¿a quién o qué está buscando?”

El anciano respondió, “No, no ‘señor’. No soy en absoluto un ser humano. Soy un zorro salvaje que simplemente habita el cuerpo de un hombre.”

Bai Zhang naturalmente se quedó sorprendido y curioso. “¿Cómo adquiriste esta condición?”, preguntó.

El anciano hombre-zorro explicó, “Hace quinientos años, era el monje prior de este monasterio. Un día, un joven monje se acercó y me preguntó, ‘¿Cuando un hombre consigue la iluminación sigue sujeto a Ley de la Causalidad?’ y atrevidamente le contesté, ‘No, está exento de la Ley.’ Mi castigo por esta falsa y arrogante respuesta fue que mi espíritu se cambió por el espíritu de un zorro salvaje, y por eso corrí a las montañas. Como hombre-zorro no puedo morir, y mientras persista mi ignorancia debo continuar viviendo en esta desdichada condición.

Durante quinientos años he estado paseando por el bosque en busca del conocimiento liberador.

Maestro, le suplico que se apiade de mí y me ilumine a la verdad.” El Maestro Bai Zhang le habló amablemente al hombre-zorro. “Hazme la pregunta que el joven monje te hizo, y obtendrás la respuesta correcta.”

El hombre-zorro obedeció. “Maestro, deseo preguntarle esto: ¿Cuándo un ser humano alcanza la iluminación está sujeto a la Ley de la Causalidad?”

Bai Zhang respondió, “Sí. Nunca está exento de la Ley. Nunca podrá cerrar sus ojos a las posibilidades de la causa y el efecto. Debe seguir atento a todas sus acciones pasadas y futuras.

De repente el anciano hombre-zorro obtuvo la iluminación y quedó libre. Se postró ante el maestro y le agradeció profusamente, “¡Al fin – dijo- estoy liberado!” Entonces, cuando se estaba marchando, se volvió y le preguntó a Bai Zhang, “Maestro, ya que soy un monje, ¿podría concederme amablemente los ritos funerarios usuales para un monje? Vivo cerca, en una guarida en la montaña que hay detrás del monasterio, ahora iré allí para morir.”

Bai Zhang aceptó, y al día siguiente fue a la montaña y encontró la guarida.

Pero en vez de encontrar allí un viejo monje, Bai Zhang solo vio un bulto en el barroso suelo de la guarida. Tanteó el bulto con su bastón y descubrió ¡un zorro muerto!

Bueno, ¡una promesa es una promesa! El Maestro Bai Zhang condujo los ritos funerarios acostumbrados para un monje sobre el cuerpo del zorro. Todo el mundo pensó que Bai Zhang estaba loco, especialmente cuando condujo una solemne procesión funeral… ¡con un zorro muerto en el féretro!

Vale.

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A veces, regresas en una pesadilla,
tan absurda como fue nuestra historia,

y al despertar no dejas sino
rencor y descontento, miedo
petrificado en la memoria.

Ni aún ahora, tantos años después,
es posible el pacto entre nosotros,
ni aún ahora, la piedad y el olvido.

de Los viajes sin fin (1993) – Juan Luis Panero

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“You smell that? Do you smell that? Napalm, son. Nothing else in the world smells like that. I love the smell of napalm in the morning. You know, one time we had a hill bombed, for twelve hours. When it was all over I walked up. We didn’t find one of ’em, not one stinkin’ dink body. The smell, you know that gasoline smell, the whole hill. Smelled like … victory.” (Lt. Col. Bill Kilgore “Apocalypse Now”)

¿De dónde eres tu?
De Higo
¿De qué parte de Higo eres tu?
De Kumamoto 
¿De dónde en Kumamoto?
De Senba soy

En las montañas de Senba
Hay un mapache

Fue disparado por un cazador
Que lo cocinó
Luego lo asó
Y se lo comió

Con hojas de un árbol
El cubrió sus restos  

Cancion Infantil Japonesa (Periodo Edo, 1646)

Oppenheimer

“Unas pocas personas rieron, unas pocas lloraron, muchas estuvieron en silencio.
Recordé en esos momentos un pasaje del escrito Hindú, el Bhagavad-Gita.
Vishnu está tratando de persuadir al Príncipe para que haga su deber … y para impresionarlo, toma su forma con múltiples brazos y dice,
“Ahora, me he convertido en la muerte, el destructor de mundos.”
Supongo que todos pensamos eso, de una u otra forma”.

J. Robert Oppenheimer (1904-1967)